De Mar del Plata a Semiónov: La Filarmónica nos inunda del Madrid que más nos gusta

El pasado 7 de Febrero estuve a punto de fundirme. Es la magia más inherente que tiene el tango. Uno siente que está a punto de derrumbarse en todo momento pero tan solo se está dejando estar en la emoción para deslizarse por el parqué de la milonga. Eric Silberger, virtuoso violinista, hizo deslizar el arco sobre un Guadagnini de 1757, y nos llevó a todos al temporal de Astor Piazzola (1921-1992, nacido en Mar del Plata), de la mano de la Orquesta de Cámara de Munich. Bravo. No puedo sino corroborar las palabras de El País sobre Silberger: “Lo tiene todo a favor, técnica, temple, carácter. Estamos a las puertas de un gran solista.”

El público está fascinado y los eruditos de la sala se preguntan: ¿cómo un músico clásico como Astor Piazzolla, se convertiría en el mayor renovador del tango del siglo XX?. Los que hemos decidido que nuestra cultura se componga de creaciones de todos los rincones del planeta lo entendemos perfectamente. ¡Y qué suerte! Qué fortuna la de que se te ponga la piel de gallina tanto con la nostalgia porteña como con Vivaldi, o la mezcla de las dos. No contento con derretirnos con Las Cuatro Estaciones de Piazzola, Daniel Giglberger, que ya cumple 20 años como concertino, nos insufló el diálogo de Bach y la orquesta en su Concierto para violín en la menor, el amor contenido de Tchaikovsky en su Serenata para cuerdas en do mayor y el ascenso a los cielos (como si una orquesta pudiera representar la serenidad de la muerte) del Adagio de Barber.

Madrid abre los brazos a La Filarmónica, y le pide que se quede para siempre. Ella contesta que ya lleva seis años y que se queda porque en esta ciudad el aplauso junta pasión, respeto y admiración a partes iguales.

Para quienes aun no hayan oído hablar de la Filarmónica, es una promotora privada de conciertos que ya cuenta con su estandarte en los ciclos de música clásica de Madrid. ¿Su especialidad? Va en la línea de mi experiencia descrita arriba. Fundir el Barroco y las Vanguardias, pasando por el Romanticismo. Diversidad de la mano de las mejores orquestas, directores y solistas del panorama internacional.

Foto: www.ericsilberger.com

 

Esta tarde toca plato fuerte. La orquesta del que fuera el teatro de la premiere de Tchaikovsky o Mussorgsky, el Teatro Mariinsky, acompaña a un maestro con la batuta (Valery Gergiev) y a su joven discípulo al piano (Daniil Trifonov), para traernos el Primero de Rachmaninoff (1873-1943, nacido en Semiónov). El alumno no se asusta frente al profesor pese a la magnitud del reto. No en balde, es el pianista joven más célebre del momento y a sus 28 años, ya es su maestro (director del Mariinsky durante más de 30 años) quien le acompaña. Será sin duda uno de los conciertos más emblemáticos de la temporada, abierto con el Prelude à l’après-midi d’un faune de Debussy y cerrado con la Sinfonía núm. 5 de Mahler.

Concierto Valery Gergiev dirige Mozart y Chaikovski – Con Denis Matsuev y Daniil Trifonov. Foto: Medici.tv

 

Gracias a La Filarmónica por llenar el Auditorio de propuestas. Por explorar. Por lanzarse a la belleza de la mezcla de los géneros y las épocas. Son esos breves momentos al calor del tango o fruto del placer de los violines que amanecen después piano de Sergei, los que hacen ciudad. Los que hacen cultura. Son esos momentos los que nos inundan del Madrid que más nos gusta.

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