Crónica del Vida Festival 2018

Y de repente proyectaron en las pantallas el video de Weirdo de The Charlatans. Era el anuncio de la primera confirmación del cartel del año que viene. Nos miramos y entendimos que, muy probablemente, estábamos obligados a asistir un año más al Vida Festival.

 

El pasado fin de semana, el Vida Festival cumplía su quinta edición -parece que fue ayer cuando daba sus primeros coletazos- y en Kulturtado no podíamos perdernos tan señalada fecha.

Todo el que haya acudido a la Masia d’en Cabanyes en Vilanova i la Geltrú -lugar donde se celebra el festival- sabe que el Vida es distinto: es un entorno único, lleno de magia, naturaleza y esa sencillez mediterránea tan humana como primorosa, que consigue recrear un espacio idílico en el que su cumplen los sueños musicales de familias enteras. El Vida es Vida, y su enclave una fantasía terrenal.

La primera actuación que vimos el jueves fue Calexico. La formación indie de folk y americana, dio un show de garantías con sonidos fronterizos y sureños, toques de blues, rock y ritmos latinos embadurnados con instrumentos de viento. Como colofón Amparanoia les acompañó con sus rimas improvisadas. Chapó.

Habíamos comenzado con buen pie y el huracán estaba por llegar. Continuamos con el concierto de Curtis Harding, estandarte de la música soul, que quiso abrazarnos con un show repleto de rock. Gajes del directo festivalero.

Y así, llegamos a la actuación esperada de aquella noche de luna llena: Los Planetas. Jota y los suyos arramplaron en el escenario principal para delicia de los que entendemos que el grupo granaíno es arte y que no hay nadie como ellos en el indie español. Un recital repleto de clásicos que supo acariciar nuestra nostalgia.

Tras el aluvión de asteroides, pusimos rumbo a ver a Playback Maracas, que fueron la sorpresa del día. El dúo ofreció un concierto enérgico a la par que vibrante, llevándonos a los presentes a bailar en bucle y disfrutar, tema tras tema, de su magnífico directo.

FIN DEL PRIMER ASALTO.

El viernes era el plato fuerte del festival y el día en el que se congregó más gente. Al llegar, con algo de retraso, pudimos disfrutar de Annie Clark o, lo que es lo mismo, St. Vincent. Y es que la música de esta talentosa guitarrista no tiene límites. Perfectamente acompañada por una multi-instrumentista, y un teclado y batería que escondían sus rostros con unas máscaras, Annie consiguió hechizarnos con ese romanticismo tan característico y esa seducción aplastante, a salto de mata entre el rock y el synth pop. St. Vincent se comió el escenario, arriesgando y llevándanos al éxtasis con unas grandiosas proyecciones visuales. Enhorabuena.

Acto seguido, anduvimos hacia el escenario La Cabana, previo paso por el Vida Clubbling, lugar donde la fiesta y las ganas de bailar acaban al amanecer, y en el que la organización ha dado en el clavo para aquellos que buscan saciar sus ganas de dar tumbos con himnos rompepistas. En La Cabana nos esperaban Esteban y Manuel, pareja que apuesta por ritmos vertiginosos. Fusión, mestizaje y alegría. Tres palabras que bien sirven para entender a estos dicharacheros que beben de la cumbia. Un valor al alza.

Y por fin llegó el momento más esperado de la noche, Franz Ferdinand. El conjunto escocés ha sabido reinventarse y volver a emocionarnos con aquellas canciones que bañaron la primera época del nuevo siglo. Triunfales, Alex Kapranos y sus secuaces, nos regalaron un concierto espectacular lleno de momentos inolvidables. Los Franz nunca fallan y, aunque a algunos ya les aburran, a nosotros siempre nos dibujan una gran sonrisa.

Para cerrar la noche viernesana, fuimos a ver a Joe Crepusculo que, a pesar de no ofrecer uno de sus mejores bolos, si que supo conquistar al respetable con sus singles más festivos.

FIN DEL SEGUNDO ASALTO.

El sábado empezaba vibrante; Iron & Wine enamoró a los oyentes con su indie-folk que parece estar hecho para los asistentes del festival catalán. Una apuesta segura repleta de belleza, talento y emociones a flor de piel. Resulta imposible no rendirse al talento de Sam Beam: un cantautor aplastante que transmite a raudales con cada tema.

Tras el que seguramente fue el concierto más íntimo del fin de semana pudimos disfrutar del pentagrama de Josh Rouse, de los inclasificables They Might be Giants, que fueron la gran decepción de la noche, y de Hookworms, uno de los conjuntos del momento que con su nuevo trabajo, Microshift (2018), han dado la sorpresa habiendo sido catalogado por muchos medios especializados como uno de los discos del año.

Fue cayendo la noche y el Vida seguía sintiéndose coqueto y lleno de recovecos inexorables. Así fuimos al escenario La Cova para contagiarnos con el rock alternativo de los jovencísimos Mourn. El cuarteto no para de crecer y parece no tener techo. Su actitud y su directo son arrolladores. No tanto fue el directo de Of Montreal que, siendo uno de los cabezas de cartel del sábado, apenas consiguieron llevarnos en volandas, algo de lo que presumían antaño.

Y como punto final al festival, la gran Eneida Fever nos robó el alma con una sesión repleta de reminiscencias pasadas, energía y buenrrollismo. Y así acabamos felices, bailando y bebiéndonos la vida… Una vida que, a nuestro entender, solo es posible con buena música.

FIN DEL TERCER ASALTO. FIN DEL COMBATE.

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