Tiempos con Versos: In-diferencia

El tribalismo enajenado. Vivimos la sociedad del perpetuo instante, del cambio incesante que no deja poso ni memoria tras de sí. Vivimos la sociedad de lo extraño, del otro. Alienamos la humanidad, embriagados por un narcisismo que parece hacernos sentir únicos merecedores del aire que respiramos. Somos hijos de la guerra total. Desconfiamos porque desde niños nos enseñó Caín que el hombre es malo por naturaleza; codiciamos porque nos enseñaron a desear antes los bienes del otro que a quererle y a respetarle. De qué sirve tender la mano al necesitado, mejor la guardo en el bolsillo para salvar mis monedas. Pero si otra mano nos golpea y nos roba el ruin letal, más ruin se vuelve la miseria, que aquel sistema que da más libertad de movimiento a las mercancías que a las personas. En la guerra de todos contra todos, en lugar de vencer el amor por la diferencia, la indiferencia termina por asesinar en silencio, a ojos de todos y de nadie.

 

Esto es cuanto conozco.
Cuanto conozco son mis manos,
lo que toco con ellas.
Cuanto conozco son mis ojos
y a cuanto mis ojos alcanzan.
Cuanto conozco son las manos y los ojos
de aquellos que alcanzan a tocarme.
Cuanto conozco es lo que existe,
mi tribu es cuanto conozco.

No existe más allá.
La mar es sólo un cuento,
no la he visto.
Los pájaros son todos
pardos y pequeños,
y todos comen del campo y de la huerta.
No existen los otros pájaros.

Existe cuanto he visto,
no agita mi corazón
el luto ni la víscera
de aquella guerra sin nombre,
en aquel país invisible.
La muerte sólo tuvo lugar
en mi tribu.
Sólo he visto a la muerte
en los ojos ya sin luz
que alguna vez
alcanzaron a mirarme.
La muerte allá es mentira.

El hambre sólo existe
en las bocas de mis hijos,
las bocas de mis hijos
son las bocas que existen.
Hay quién habla de otras bocas
y de un hambre en otras bocas
que no son las de mis hijos.
Pero esas bocas no existen.

Esto es cuanto conozco
y todo lo que existe,
así que cuando haya
que defender
el mundo,
qué reparo en apropiarse
o violar,
qué reparo en cercenar
arterias de aire,
qué reparo en matar…
si sólo muere aquello que nunca existió.

niFoto: vikasacharya.wordpress.com

 

Saúl Flores

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