Tiempos con Versos: Labios sellados

“La libertad de expresión ha de ser el derecho básico y fundamental sobre el que se sustente una sociedad, y más aún, el trabajo de los artistas. El arte no es crimen. En la historia de España, permanece una oscura mancha de sangre, imborrable, por la cruda represión que han sufrido miles de artistas, siendo censurados, encarcelados o, en el peor de los casos, asesinados. En los últimos meses, se ha generado gran revuelo internacional por la condena a muerte que Arabia Saudí ha impuesto a Ashraf Fayadh, poeta palestino, tras la publicación de su poemario “Instrucciones en el interior”. Asimismo, Ahmed Naji, novelista egipcio, ha sido censurado y condenado ante la justicia por “atentar contra la moral” en sus libros. Por desgracia, la triste mancha vuelve a resurgir en nuestro país “democrático”. No sólo cabe recordar a Machado, Hernández, Lorca o Serrat. También es necesario que comprendamos lo terrorífico que es pensar que, hoy en día, pueden encarcelarte por una función teatral, un tweet, un poema o un rap. Por ésta razón, quiero mostrar mi apoyo a los raperos granadinos Ayax y Prok, que han sido acusados por la “ley mordaza” de delito de injurias y calumnias contra las fuerzas de seguridad del Estado, al denunciar el acoso policial en una de sus canciones. La multa a la que se enfrentan puede ascender a 30.000€, y dado que la familia es insolvente, Ayax y Prok podrían llegar a pagar con su propia libertad. Hemos de recordar, que la ley aún no había entrado en vigor cuando se subió el videoclip de la canción a Youtube. El arte no es crimen. Yo sé que no quiero vivir con los labios sellados, y si ustedes tampoco quieren, más allá de prejuicios moralistas, pueden contribuir a la libertad firmando la petición abierta en Change.org por la madre de los raperos”.

Nadie está solo. Ahora, 
en este mismo instante, 
también a ti y a mí 
nos tienen maniatados.

José Agustín Goytisolo

 

Silencio afilan con sus guantes,
para acallar los golpes
que sobre el pueblo asestan.

Contra la noche estalla
la voz de algún poeta
para hacerse antorcha
que alumbre los cadáveres
que el silencio siembra.

Pisa las polillas macilentas
y los ocres charcos
que la represión desangra
en las aceras.

La ciudad es un duelo amarillo,
el filo de un tenaz cuchillo
que impone el silencio
por ley a los poetas.

La voz de los poetas
es una luna herida
que camina desnuda
los postigos, las ventanas
las esquinas de los arrabales
donde el miedo se aloja
y agria la sangre
de aquellos que,
sólo son libres
de pensar silencio.

El aire enfermo
es un cementerio
de libertades huecas.

La ciudad, se estrecha
al destello de las sirenas,
como los grilletes
que aprisionan
las muñecas
de un rapero,
bajo el plenilunio.

Vigoroso,
el rap se hace protesta
en los ojos
de los muchachos
que deshojan el fuego
con sus dedos de invierno.

Y en algún sótano
desvaído,
de luz enmohecida,
sellan los guantes corruptos
ácidas mordazas
a los labios de un poeta,
para cercenar el grito
que su garganta esconde.

Y en algún murmullo,
donde los gallos bregan,
del corazón se arranca
la voz granada
un poeta,
para hacer de ella
una antorcha o una lanza.

El poeta, alza su voz al grito,
como una imponente bandera,
como un torrente bravío
de enraizada justicia
y cólera disidente.
Alza su voz,
y en su puño la sostiene
indómita
antes que el tiránico hierro
haga llover plomo
sobre su vientre.

Tras el humo mediático,
la ciudad cierra sus párpados
hasta anegar de azul las farolas.
Sólo arrullan sordos pasos.
Sólo dos sombras gemelas
caminan la bruma.
Dos sombras gemelas,
que cantan al compás
del rítmico quebranto
que las porras y el hierro
arrancan a los huesos de algún nadie,
que queda pálido,
tendido sobre suelo ninguno,
de ninguna calle.

En el país del silencio,
la libertad es crimen
si no puedes comprarla.
Si no puedes comprarla,
la libertad es soga
que se azuza a tu cuello.

Y sólo los poetas
que nacen del violento llanto,
trazan en el cielo
blancas palomas nuevas.

Y sólo los eternos poetas,
que rugen
desde la cruel víscera
de una cuneta,
rebelan su voz
contra la tiranía del silencio.

Porque…
¿Cómo no morir por libertad
allá donde pensar es crimen,
donde escribir es crimen,
donde gritar es crimen,
donde cantar es crimen,
pero no es crimen vivir,
sin hogar o sin pan,
por culpa del crimen de otros?

Desde el latir obstinado
que mi sangre profiere,
desde mis labios sin dueño
y mi corazón hermano,
por mis compañeros:
pido la paz y pido la palabra,
pido la libertad, y la justicia.

ChaplinFoto: www.revistadon.com

 

Saúl Flores

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