Tiempos con Versos: Amor bajo censura

No finjan, ustedes también lo han visto. Aún a día de hoy, se sigue condenando el amor en las calles del mundo. Bien triste es que todavía haya países donde, además de la población, sea el propio estado quien agreda, encarcele o asesine a una persona por su condición sexual. Asimismo, igual de cierto es que existen países que presumen y abogan por la libertad de amar, en los que la cárcel y la tortura que sufre el corazón es social y psicológica. Países como el nuestro, donde abundan las pupilas que aún censuran y estallan contra el derecho de poder amar a quién y cómo uno siente, ¿y ustedes, son de los que apartan la mirada?

Salgan de las trincheras del silencio,
abandonen el sofá,
apaguen los televisores,
abran las ventanas,
pongamos el amor patas arriba.

Sólo odio escucho en el murmullo
que de labio en labio se hace arroyo
en esta sociedad marchita.

Sólo miradas que ocultan miedo,
el miedo de ignorar el naufragio ajeno
y juzgar la moral desde tu suite a bordo.

Se avergüenzan los espejos
de esta realidad deforme,
del lento reír de la injusticia,
del simple discurso de las mentes,
del triste morir todos los días.

Se burlan las hojas de los árboles,
altivas, en su crepúsculo de miel,
mirando por encima del hombro
la sádica herida que al mundo
los humanos le hemos hecho.

Sonrojen la primavera,
descalcen su alma,
tiendan la lluvia al sol,
descorran las cortinas,
pongamos el amor patas arriba.

Dictaminan
los rancios hacedores
del orden y el honor
que amarse es un pecado
imperdonable.
Advierten,
amar es pecado
en un mundo
donde mentir, robar, matar
está a la orden del día.
El cáustico y corrosivo
eco de los prejuicios
sigue condenando el amor
de un beso en otros labios,
sigue arrastrando puños,
gritos, muertos…
muertos presos,
sin libertad de amar
como amor sienten,
frente a una sociedad
cómplice y cobarde.

Inspiren el humo del amor
que se está haciendo,
sean onda en las aguas,
expiren, abracen, piensen:
¿Qué de malo ven
en la mano
que en lugar
de empuñar un puñal,
sostiene una caricia?
¿Qué de perverso hay
en el cuerpo humano
que se viste de piel
para darse a conocer
en otro cuerpo?

Déjense volar,
sean volátiles veleros
que al vientre arriban,
pinten con carmín
pieles al óleo,
permítanse amar como rutina.

Mi corazón no entiende
la triste imposición del llanto
frente al te quiero.
Mi corazón no conoce mejor justicia
que la que otorga un beso,
ni oleaje más delicioso
que unos dedos
dejándose escurrir
por otro cuello,
el lento amanecer
de dos cuerpos colindantes,
el amor, que es,
el más humano
de todos los sentimientos.

No conocen mis labios
poesía más social,
ni más veraz, ni más hermosa
que la que envuelve entre susurros
la noche de dos enamorados.

Y así, porqué habría de importarme
a mí, o a otros tantos,
o a algunos tontos,
que labios que van del beso
al labio,
vayan de hombre a mujer,
de hombre a hombre,
de mujer a mujer…
¿Acaso habría de importarme
si el beso, al fin y al cabo,
va de humano a humano?

Salgan de las trincheras del silencio
y con el corazón en grito
vístanse con empatía hacia el amante
que es acallado, ofendido y marginado
por ser humano.

Pongan el amor patas arriba,
hagan el amor y no barbarie.

les

Foto: www.pinterest.com

Saúl Flores

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