Tiempos con Versos: El eterno viajero

Se acerca la Semana Santa y, a la vuelta de la esquina, están ya los meses de verano. Para muchos, sinónimo de vacaciones y de viaje. Respirar libertad por unos días, aparcar el estrés de la rutina cotidiana. Son tantos los rincones que nos quedan por explorar como tan poco es el tiempo (y el dinero) para saciar nuestra sed de alma nómada. El ansia de movimiento, de cambio, no deja de ser parte de las pulsiones más primitivas del hombre, sin embargo, el viaje es también una moneda con dos caras muy distintas. Porque fuera de nuestra burbuja existen también los viajeros. Más por necesidad que por placer, emprenden senderos que acaban en muros o vallas de espino. Billetes de ida forzada y, casi siempre, sin vuelta. Por ellos, por los eternos viajeros, camina hoy triste mi poesía.

 

Con los pies descalzos
y la maleta por hacer,
como tú, también yo,
vine a la vida siendo viaje.

Como tú, también yo,
he querido estar,
algún tiempo en otra parte.
Ser parte de otro tiempo.
Ser nómada.
Ser migrante.

Como tú, también yo,
he soñado con ser naufrago
en el color cristal
de un mar calmo
que acaricia en su silencio de espuma
una orilla de paz y de olor a palmera mojada.

Coronar las cumbres
que acechan los cielos del mundo.
Recorrer los rincones que aún no conocen
las huellas del cívico hombre.

Sí,
como tú, también yo,
he inventado aventuras…
con el globo en la mano,
mi dedo ha imaginado ser Magallanes,
dando la vuelta al mundo
en menos de ochenta segundos.

Qué bonito sería, ¿verdad?
Coger la mochila y volar del cemento salvaje.
Para que los lunes,
dejen de ser lunes
de pan con rutina.

Qué bonito sería
ser un eterno viajero
sin destino ni equipaje.
Qué bonito nacer para ser viaje.

Y qué triste sería, a su vez,
ni siquiera soñar
con el yo, el tú y el también.

Que no todos los caminos
lleven a Roma,
sino que acaben
en vallas de alambre
más bien.

Qué triste suena, ¿verdad?
Coger a tu hijo,
volar de la rutina salvaje.
Para que los lunes,
dejen de ser lunes
sin pan y con sangre.

Qué triste sería,
ser un eterno viajero
sin destino ni equipaje.
Qué triste, a veces,
morir para ser viaje.

viaje
Foto: www.asianexpress.co.uk

Nacho Aranguren

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