El regreso del hombre más alto de la tierra

Hasta la bandera. Así estaba el pasado lunes la madrileña Sala Joy cuando recibió a The Tallest Man on Earth. El músico sueco venía a presentar las canciones de su último disco, Dark Bird Is Home (2015), acompañado de la banda The Tarantula Waltz. Algo atípico en él, siempre acostumbrado a deambular por los escenarios a sus anchas sin más compañía que sus guitarras. Sus nuevas composiciones y quizás, esa necesidad de reinventarse que tanto afecta a los artistas, habían llevado a Kristian Matsson a codearse de un grupo de amigos (así los presentaba) de Estocolmo para enseñarnos una nueva vertiente de su folk invernal. Nos tenía en un puño.

La música de Matsson es íntima, tanto que produce una comunión extrasensorial y consigue que la mayoría del público ni rechiste con cada timbre; con cada melodía. Sabe cuándo arriesgar y darnos un zarpazo emotivo. No les quepa duda que somos títeres y nos mueve a su antojo porque si algo tiene este cantautor, es el poder de convicción. Como ya les dije en su día: canta porque lo ha sentido, lo ha vivido y por eso tiene todo el derecho a decirlo. No es de esos poetas que escriben sobre las estrellas encerrados en una habitación oscura en París.

tal
Foto: www.gettyimages.com

 

Además, Matsson es un tipo de los que se lo curra y se cree su condición altruista. Nos destroza con la humildad del agradecido y tiene el control necesario para llamar al éxtasis y al silencio, para dar volteretas a un taburete y enseñarnos su colección de guitarras propia de Keith Richards. Asuntos impredecibles.

Poco cuesta ser cercano aunque seas de Suecia. Eso debieron decirle alguna vez y se lo aprendió al dedillo bajando del escenario durante la propina de The Dreamer. Más de una todavía estará de los nervios.

Dicho esto, me gustaría resaltar algunos momentos imprescindibles del recital como cuando se quedó solo y empalmó Love is All, I won’t be found y los simbolismos de The Gardener ; ese guiño que siempre rescata en estas tierras sin gobierno llamado King of Spain recordando a Bob Dylan y sus Boots of Spanish Leather y, por último, cuando sentado al piano interpretó Little Nowhere Town.

Fue un concierto distinto, claro, sin confusión. Una noche en la que nos revolvimos entre sus notas.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General, Música. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s