Un final de temporada merecido

“En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco”

Chaikovsky

chChaikovsky Foto: www.ampretur.com

 

Concierto de Clausura de la 3ª temporada de la Filarmónica. Mi acompañante y yo nos encontramos en la segunda fila de la sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música. Un escenario prácticamente vacío en el que se contemplan unas cuantas sillas de madera y donde reposan instrumentos de cuerda, percusión y viento. Pausadamente, empiezan a entrar los componentes de la Orquesta Sinfónica de Radio Colonia. Fundada hace más de 65 años, se ha consolidado a lo largo de su historia como una de las formaciones más importantes de Europa. La marca de identidad de la casa es la enorme capacidad de entender y adaptarse a diferentes estilos musicales. Además, es digno de mención su contribución en la difusión de la música clásica al gran público a través de los medios de masas: radio y televisión; todo ello sin dejar de lado los espacios más tradicionales, como las salas de conciertos más prestigiosas del mundo.

Tras el batallón orquestal de rubios (y no tan rubios) trajeados, aparece su director Jukka-Pekka Saraste, titular de la Orquesta desde la temporada 2010-2011. No puedo evitar sacarle un gran parecido con otro gran director y, para más inri, uno de mis favoritos: David Lynch. Solo que el director que nos acontece hoy tiene una trayectoria bastante diversa a la del creador de Twin Peaks. Saraste, nacido en Heinola en 1956, inició su trayectoria como violinista en la Orquesta Sinfónica de la Radio de Finlandia, de la que fue Director desde 1987 hasta 2001. Tras sus estancias en Toronto, Londres (BBC), Oslo y Lahti, en 2010 fue nombrado Director de la Orquesta Sinfónica de Radio Colonia. Lo que define a este director es su humanismo con respecto a la dirección de la orquesta; no trata de ejercer un control absoluto de ella, sino que la investiga en su mayor profundidad y la interpreta en base a esos conocimientos, para posteriormente saber qué papel debe desempeñar cada una de sus partes. Entre sus interpretaciones de la temporada 2014-2015 figuran cuatro hitos de la sinfonía romántica: la Sinfonía núm. 9 de Schubert, la Sinfonía núm. 5 de Sibelius, la Sinfonía núm. 7 de Bruckner y la “Patética” de Chaikovsky.

jukSaraste Foto: theatergemeinde-koeln.de

 

Antes de empezar a disfrutar de la obra icónica del nacionalismo musical checo, el Concierto para violonchelo de Dvorák, me doy cuenta de que la violonchelista que en principio iba a interpretar la parte solista, Natalia Gutman, no se encuentra en su lugar. Mi acompañante me dice que ha sido sustituida a última hora por encontrarse indispuesta. El violonchelista sustituto es Narek Hakhnazaryan, Medalla de Oro en el último Concurso Internacional Chaikovsky. Un joven armenio que se entrega en cuerpo y alma a la interpretación musical; su respiración y sus gestos así lo confirman. Me quedo boquiabierta al escuchar sus solos, logra provocar en mí una mezcla de tristeza y armonía. Su mirada concentrada en lo que está haciendo hace que no pueda fijarme en otro componente de la orquesta; él cobra todo el protagonismo. Gracias a los interminables aplausos del público, el alabado violonchelista salió hasta dos veces para regalarnos dos interpretaciones soberbias: la primera, frenética y cargada de sentimiento; y una segunda mucho más pausada que hizo que nos relajásemos, para entrar después del descanso sin un ápice de tensión y poder así recrearnos de la grandeza de Chaikovsky.

En la segunda parte y también la más esperada, la orquesta alemana nos deleitó con la Sinfonía núm. 6 en si menor, Patética, Op. 74, una de las sinfonías más conmovedoras de Chaikovsky y la última que compuso. Nueve días después de su primera interpretación en San Petersburgo, puso fin a su vida suicidándose.

La interpretación de la orquesta alemana se agrandó con el allegro con grazia (segundo acto) y el allegro molto vivace (tercer acto), para terminar con un adagio lamentoso con remates de contrabajo y desesperación sin aires triunfales de por medio. En definitiva, una sinfonía que regaló ritmos impecables y melodías de elegantes valses a los oídos de los espectadores.

sinOrquesta Sinfónica de Radio Colonia Foto:www.zaragoza.es

 

Hay personas que me hablan de música clásica con tecnicismos (aunque sean los más elementales); yo prefiero sentirla, dejar que entre en mi interior y fluya hasta que consiga provocar en mí cualquier reacción que, aunque muchas veces no se trate de felicidad plena, siempre es agradable. Y digo agradable porque el hecho de sentirla ya supone un auténtico despertar en este mundo loco donde funcionamos como si fuéramos autómatas. Y es que hay veces que necesitamos un simple estímulo para sentirnos humanos y alejados de la rutina diaria que nos distrae de lo realmente importante: la vida. En mi caso es siempre la música clásica lo que consigue que me sumerja en la imaginación, lo que provoca que fantasee o llore sin pensar por qué lo estoy haciendo… Lo único que vale es dejarse llevar a través de los sonidos de otro tiempo y de una historia que no es la nuestra, de un pasado que no vivimos, o puede que sí, quien sabe…

Como colofón final queridos lectores, les animo a asistir el próximo 20 de junio a las trece horas ininterrumpidas de Chaikovsky a cargo del director Juanjo Mena y que tendrán lugar en el Auditorio Nacional para rememorar el Día de la Música.

 

Sac

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