En el cielo del Mariinsky, La “Coral” donostiarra canta a la Freiheit y a la Freude

 “…Nuestra forma de pensar acerca de la Rusia de hoy no ha progresado mucho más allá de etiquetas simplistas. En una mesa sentaríamos a Tolstoi, Chaikovski, Repin y Sájarov (los rusos buenos), en la otra a la mayoría de los zares, a Stalin y, hoy en día, probablemente a Putin (los rusos malos). Parece que somos incapaces de contemplar a Rusia sin una fuerte carga moral y emocional, ya sea positiva o negativa”.

Una muy breve historia de Rusia (2012), Geoffrey Hosking.

El pasado viernes 20 de marzo, la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música estalló en interminables aplausos, en agradecimiento a la excelencia musical y pureza melódica de la Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petesburgo. Su director el ilustrísimo Valery Gérgiev, director del teatro y director titular de la London Symphony Orchestra (entre otros muchos cargos de inestimable mérito intelectual) dirigió con profesionalidad y emoción magistrales los tres movimientos del Concierto para Piano Núm. 2 de Shostakóvich y la completa Sinfonía 9ª de Beethoven, con su extraordinaria coral final que todos conocemos como Oda a la Alegría. No en vano a la 9ª también se la conoce como “La Coral”. El concierto forma parte del ciclo de la sociedad de conciertos, La Filarmónica.

teaFuente: www.antiguoberri.com

 

Beethoven se inspiró en la obra “An die Freude” (Oda a la Alegría) de Friedrich von Schiller, el dramaturgo (con permiso de Goethe) más importante de la historia de Alemania. Debido a la censura política de la época, Schiller cambió en el título original de su obra la palabra “Freiheit” (Libertad) por la palabra “Freude” (Alegría). Sin embargo, la mezcla cultural que se orquestó en el escenario de la mano del Mariinsky y el inconfundible canto del exquisito Orfeón Donostiarra (la agrupación coral con más reputación internacional de España), se fundió en una exaltación de la libertad cultural y la pasión por el arte en su versión musical más clásicamente inolvidable. La soprano Victoria Yastrebova, la mezzosoprano Yulia Matochkina, el tenor Dmitry Voropaev y el bajo Mikhail Petrenko cerraban el círculo de una sinfónica coral de las que sólo pueden dejar a uno mudo y exprimir, al mismo tiempo, cada emoción que el espectador siente durante más de noventa minutos de éxtasis.

orfFuente: http://www.orquestafilarmonia.com

 

La puesta en escena era como poco singular y extraordinaria. Una orquesta rusa, coreada por donostiarras, hacía retumbar el epicentro de la música clásica de Madrid, con el que hoy resulta ser el himno de la Unión Europea. En un momento de tensiones políticas varias al Este de Europa, uno acaba por maravillarse con lo universal que es la piel de gallina. Y es que la magia del Mariinsky nos lleva a un paraíso compartido, en el que Beethoven es patrimonio de todos y la música clásica es la melodía de los sueños y por supuesto una huella histórica de las que lejos de doler, sólo emocionan. Gentes de cualquier parte, gracias por apasionarme.

La guinda del pastel la puso la genialidad del pianista Denis Matsuev, ganador de la Competición Internacional Chaikovsky de Moscú y, aún más brillante, primero en tocar las obras sin publicar de Rachmaninov por expreso deseo de los descendientes del último gran compositor romántico de la tradición Europea. El público ovacionó al artista, como nunca había visto elogiar a un músico individual en la Sala Sinfónica.

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