Unos preludios continuados

Él y yo solos en la habitación, sin nadie más. Mi tristeza y su consuelo. Le pido ayuda y él me da cobijo. Me calma, me protege, me arropa entre sus melodías nostálgicas. El piano siempre ha sido mi medicina, la única forma de expulsar todo lo que llevo dentro y desgarrar mi alma hasta acabar en una paz interior casi meditativa. El resultado es un estado de calma absoluta y descanso que paraliza poco a poco cada músculo de mi cuerpo, como si de una droga se tratase. Ojalá todos escucháramos un poco más de piano, el mundo sería menos violento y perverso, eso seguro…

pianFoto: www.chicagosouthsidepiano.com

Gracias a la oportunidad que me ofreció La Filarmónica, el pasado viernes pude presenciar el concierto de Varvara Nepomnyashchaya en el Auditorio Nacional. Esta genio de la música, a sus todavía 31 años, es un ejemplo de sensibilidad y madurez enfrente del piano. Nacida en Moscú, la joven pianista ha sido la ganadora de la última edición del prestigioso concurso Géza Anda de Zurich. Este premio la impulsó en su carrera profesional de forma casi inmediata, y prueba de ello son sus colaboraciones en orquestas internacionales como la Orquesta Sinfónica del Mariinsky, la Sinfónica de Radio Viena o la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart; convirtiéndose muchas veces en acompañante de importantes directores como Valery Gergiev y Clemens Schuldt.

Cuando Varvara empezó a tocar, noté que la pianista estaba viviendo absolutamente todo lo que nos intentaba transmitir al acariciar cada una de las teclas. Estaba sintiendo cada nota que nos regalaba, como si solamente fuera ella misma cuando se coloca delante de un piano. No solo pude notarlo en su forma de tocar, sino también en los expresivos gestos que reflejaba su cara pálida de niña. Me impresiona mucho ver a este tipo de artistas que destinan todo su tiempo a la música para llegar a ser alguien el día de mañana, sobre todo cuando renuncian a tantas otras cosas que a muchos nos resultan de vital importancia. Muchos se quedan en el camino, abandonan pensando que no merece la pena tanto sacrificio. Creo que Varvara puede estar orgullosa de haberlo logrado, podría gritar a los cuatro vientos “pude hacerlo y lo hice, finalmente lo conseguí y todo el esfuerzo valió la pena”. La verdad es que pocos podrían decir lo mismo. Por eso merece todo el reconocimiento que el público le devolvió tras finalizar su concierto. No decepcionó. Puede que también tuviera algo que ver que, en varias ocasiones, cuando parecía que ya se iba a casa, siempre volvía con una sonrisa de oreja a oreja para tocar ese piano. Un piano que le esperaba con enorme ansia para llevar a cabo su cometido. Un piano que nunca le defraudará y le hará sentirse la más grande aunque solo sea por unas pocas horas…

 varVarvara Nepomnyashchaya Foto: www.ociolaspalmas.com

Varvara interpretó a Händel y a Beethoven, pero por encima de todo tocó 24 preludios de uno de mis compositores preferidos: Chopin. Podría describir lo ocurrido, detallarles como Varvara iba surcando por su piano con una delicadeza esplendorosa…aunque en esta ocasión, dejaré que sea su imaginación la que vuele.

Si sienten que la música clásica tiene cabida en sus vidas, no dejen de estar atentos a las propuestas que La Filarmónica tiene preparadas para este marzo. Se acerca la primavera y parece que no viene sola; trae consigo el espíritu de los sonidos más celestiales…

 

Sac

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