Crónica de Club del Río

El pasado sábado asistí al concierto de Club del Río en la sala Galileo Galilei, para comprobar si el revuelo era cierto. Hasta entonces, varias personas me habían comentado que la banda madrileña llevaba tiempo haciendo ruido y que no podía perdérmelos. Pero como no siempre todo es tan bonito como lo pintan, tenía que participar de su comunión sonora y ser uno más de esta “peligrosa” asociación.

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Ante una sala abarrotada,- principalmente de amigos/conocidos-, salían los miembros fundadores de Club del Río a comerse la noche (no hablaré aquí de los teloneros ya que mi tardanza me impidió verlos). Lo primero que llamó mi atención fue ese juego de voces que, aunque busque personalidad, emula demasiado a Pucho (cantante de Vetusta Morla). Este apunte no debe entenderse como una crítica negativa, sino como un refuerzo para que no se vayan, estrepitosamente, por la deriva.

Tras un par de canciones y parcas palabras al público (apenas decían muchas gracias), salió el resto de componentes para amenizar la velada. Fue en este momento, gracias a la unión variopinta de personalidades, cuando descubrí la fuerza de Club del Río: unos músicos frescos y alegres que se atreven a mezclar ritmos latinos con géneros como la rumba, el folk o el flamenco.

Fue una lástima lo del técnico de sonido. A tenor de sus despistes, -especialmente con la guitarra española-, sospecho que el concierto le importaba poco. Dicho esto, servido sin acritud, es el momento de alabar las virtudes de este septeto que por momentos nos encendió a todos.

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Club del Río puede que no sean los más dicharacheros (en cuanto a palabras) encima del escenario, aunque ¿acaso importa? Su música consigue saciar a su público. Un público que vibra y corea cada canción desgañitándose la garganta. Además, la banda sabe a la perfección cómo llevar los tiempos con cada compás, cómo manejar a su antojo a los asistentes imprimiendo la velocidad necesaria, o calmarles a base de armonías suaves en cuyas letras encontramos reflexiones filosóficas. Sólo por este motivo ya tienen a los presentes en donde todo músico quiere…y encima, consiguen despertar nuestras ganas de fiesta ¿quién da más?

En mi opinión, creo que los miembros de Club del Río van a lograr grandes cosas. Todavía les faltan tablas y horas de ensayo, pero tienen un punto a su favor que pocos conjuntos pueden presumir de tener y que me resulta difícil de explicar. Desde la primera canción sentí que eran distintos. No eran unos virtuosos, y sin embargo, tenían ese “algo” que les convertía en interesantes y que puede llevarles a arrasar…Tengo el presentimiento de que, dentro de muy poco, despegarán por los escenarios de media España. El tiempo dirá y, hasta entonces, hasta que todo llegué y el verano nos cubra de festival, tenemos ante nosotros este club que no para de crecer. Entren a formar parte, el buen rato lo tienen asegurado.

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