St. Vincent

Últimamente no arriesgo cuando voy al cine. Soy de esas personas que, antes de comprar la entrada, mira la nota media que páginas como filmaffinity dan a la película que quiero ver. Me fio de su criterio y suelo desechar aquellos estrenos que tienen una puntuación por debajo del  7.

Ayer fue distinto. Mantengo un flechazo incondicional con Bill Murray y al ver que su nueva película, St. Vincent, estaba en cartelera, lo tuve claro: no podía perdérmela a pesar de tener únicamente un 6,5 de media. A veces no se necesita un notable para pasar un buen rato.

St. Vincent (ópera prima del director y guionista Theodore Melfi) cuenta la historia de Vincent MacKenna (Bill Murray), un excombatiente de la guerra de Vietnam que se pasa las horas apostando y bebiendo; un hedonista gruñón y desaliñado que se empeña en ser mala persona sin poder serlo. En definitiva, alguien a quien quieres por su autenticidad y por el que sientes un profundo apego por todas las desgracias que ha sufrido.

vincFoto: saltodeeje.ideal.es

La vida de Vincent da un vuelco cuando conoce a sus nuevos vecinos, especialmente a Oliver (Jaeden Lieberher), un chico de 12 años con el que mantendrá una estrecha relación y que nos servirá para confirmar que la amistad no tiene límites de edad. A menudo, somos los adultos los que vivimos en la incomprensión más absoluta y sólo en los ojos de un crio podemos ver nuestra terrible inmadurez. Vincent se convertirá en el canguro de Oliver cuando ni él mismo puede cuidarse; y así, sin darnos cuenta, iremos descubriendo muchas de las complejidades del ser humano.

Esta tragicomedia parece haber sido escrita por y para el actor Bill Murray. Su actuación, como viene siendo habitual en su filmografía, es perfecta. Creo que será uno de los nominados a mejor actor en la próxima edición de los premios Oscar. Si bien, en esta ocasión, Bill no es el único que destaca en su interpretación. La actriz Naomi Watts, caracterizada como una señorita de la noche, y el joven Jaeden Lieberher, confirman un triángulo de garantías.

Puede que la historia de St. Vincent haya sido contada hasta la saciedad en la industria hollywoodiense, pero sería injusto desvalorar las magníficas interpretaciones de sus actores y esa facilidad que tiene el director para emocionarnos, -a más de uno se les escapará la lágrimilla-. Si a este coctel le unimos una banda sonora que incluye a Jeff Tweedy, Bob Dylan o The National, conseguimos una película que gustará a todos aquellos que disfrutan del cine alternativo estadounidense. Parece que algo está cambiando y es que precisamente películas como Boyhood o El gran hotel Budapest, no siguen la estética habitual norteamericana. Todas ellas, incluyendo la que hoy nos ocupa, se han colado en los Globos de Oro siendo producciones de corte independiente .

St. Vincent, como muchos otros debuts, demuestra carencias de guion. Sin embargo, el resultado global funciona entregándonos una espléndida amalgama de escenas cómicas y conmovedoras. No será el largometraje del año ni tampoco lo pretende, aunque si acuden a verla seguro que se divierten. Al fin y al cabo, St. Vincent, es una película de pequeñas pinceladas que sutilmente enternece.

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