¿Les gusta España?

Hemos recibido en Kulturtado una carta que, escrita por Javier González, refleja las ganas de un cambio político en España. Su autor tiene la convicción de que España necesita un aire fresco y sin complejos; cuestiones que argumenta al detalle con una prosa cuidada y sarcástica. 

Queremos dejar constancia que, en esta casa, aceptamos todo tipo de opiniones siempre y cuando vengan desde el respeto, la tolerancia y sean de índole democrática.

Sin más dilación les dejamos con esta reflexión que llega en un momento, cuanto menos, caldeado.

Pobreza infantilFoto: www.cronicadearagon.es

Quiero decir, ¿están contentos con el panorama que tenemos en la España de hoy, la de finales de 2014? Y no me refiero a si les gusta ir a las playas de Cádiz, si salivan evocando unos deliciosos espetos malagueños o unas ricas gambas de Huelva, si están de acuerdo con lo estupendamente bien que se tiran las cañas en Madrid, o con las medidas de las copas en los bares de este país, que además, qué maravilla, tan tarde cierran. Con estas cosas, digámoslo en alto, estamos contentos.

Me refiero a si están orgullosos de la España del 25% de paro, la de los recortes en sanidad, la de la educación sesgada a beneficio de idearios, la del secuestro de nuestra soberanía, de nuestro poder como ciudadanos, la de los miles de millones de dinero de todos para el rescate bancario mientras nos imponen la austeridad de los recortes para pagar el festín de los amigos de sus amigos, la de la justicia en deuda con los señores que sobre su control pactan en nuestras narices.

Me refiero a si de verdad no han llegado al límite de aguante de los Bárcenas sin postre y espero que te Gürtel, las infantas y los príncipes azules y las tarjetas negras, los paraísos fiscales sin vírgenes y con Pujoles, las Pantojas en blanco y los no sigas que me Matas, los malos Ratos, los Nóos vayáis todavía, que aún hay Mas, la de los Eres y siempre lo serás.

Qué incorrecto es generalizar, pero si hubo un caso en que lo fue por muy poco, ese caso es éste. Por los pocos que admirablemente han nadado contra corriente (lo que se habrán reído de ellos), no tenemos que tragar con la inmensa mayoría que remaban a favor del viento que mejor les venía. Un hecho: la corrupción no es la excepción, sino el sistema. Entonces, me pregunto: ¿les gusta esta España? “No son sólo manzanas, sino que es el árbol el que está podrido”, dijo uno con coleta. Pues talemos, que podemos. Y hagamos que corran como galgos, que de casta les viene, de la única manera posible y con el portazo de una puerta giratoria: votando. Votando para protestar, claro que sí. Pero sobre todo para cambiar.

Cambiemos. Esto no lo van a arreglar los corruptos pactando entre ellos, del mismo modo que el pecador no puede ser a la vez el redentor, ni nadie espera que el puño de ningún hombre golpee el cuerpo del que también es parte ese puño, ni se les pide a los ladrones que legislen sobre el robo. Nos toman por niños incapaces de decidir por sí mismos con estos teatros ridículos, pero nos damos cuenta de que sus servidumbres, presentes y pasadas, les pesan demasiado, y el peso lo acabaremos cargando nosotros una vez más si no nos apartamos de donde esperan que nos situemos, es decir, a la altura de sus pies.

Éste es el mapa de la España en la que vivimos, con el imprescindible (fascinante detalle) botón de actualizar, que el contador no cesa. Es en esta España en la que se nos presenta el momento política y socialmente más interesante de los últimos treinta años, por suerte desgraciada y por suertuda desgracia. Como le decía a un amigo esta misma semana, me pesa mucho más el deseo de cambio que la propuesta en sí, pero sin con ello querer decir que no comparta la lógica de muchos de sus planteamientos, que se irán irremediablemente moderando y modelando a medida que se acerquen las generales y haya que configurar un programa con el que presentarse.

Y todavía, hay que joderse, tenemos que oír de boca de quienes nos han traído hasta aquí advertencias sobre el miedo que deberíamos tenerles a los populistas de Podemos, y el peligro que corre con ellos nada más y nada menos que la democracia.

Mucho más miedo me da que se queden los que están ahora.

 Javier González

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