TRASH o la consolidación del cine “Slum”

jornFoto: jb.com.br

Trash (en Brasil, Trash: A Esperança vem do lixo), nos presenta la historia de tres adolescentes brasileños, habitantes de uno de los “lixos” (vertederos) más grandes de Brasil. Son “catadores”, personas que se dedican a buscar entre la basura cualquier cosa que sea útil, ya sea para vender o para incorporar a las precarias construcciones que les sirven de viviendas.

Los tres jóvenes protagonistas del filme, se enfrentan a una persecución de todo el sistema brasileño de corrupción política y policial institucionalizada, tras encontrar en el vertedero una cartera llena de claves y misterios de gran valor para el “establishment” carioca.

A pesar de encabezar el cartel artistas como Rooney Mara (Los hombres que no amaban a las mujeres, 2011), Martin Sheen (Apocalypse Now, 1979; Infiltrados, 2006) y Wagner Moura (Tropa de Elite, 2007), el público se rinde ante la magistral actuación de los tres chavales, Raphael (Rickson Teves), Gardo (Eduardo Luis; con la interpretación más brillante y con más fondo emocional del filme) y Rato (Gabriel Weinstein). Todo sea dicho, hacía tiempo que no veía en el cine un retrato tan tierno y honrado de la amistad entre un grupo de chicos.

Stephen Daldry (Billy Elliot, 2000; The Hours, 2002; The Reader 2008), acompañado por una maravillosa dirección de fotografía, nos muestra el Brasil de las contradicciones sociales. Brasil, se suma con India y su Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) a un género de nuevo cuño que podríamos denominar, sin ánimo alguno de faltar al respeto a nadie, cine “Slum”, definido por grandes producciones cinematográficas extranjeras (hasta ahora británicas) de tipo drama/thriller aventurero con  cierta crítica política y social (a mí parecer algo liviana e insuficientemente desarrollada),  que versan sobre las regiones más desfavorecidas de los países en vías de desarrollo.

corrhttp://www.rac.com.br

Los largometrajes Ciudad de Dios (Fernando Meirelles y Kátia Lund, 2002) y Tropa de Élite (José Padilha, 2007), así como el documental Wasteland (Lucy Walker, 2010) protagonizado por el artista paulista Vik Muniz, son obras maestras del cine brasileño que deben ser vistas antes o después de esta película. En mi opinión, que sea antes pues, ¿quién mejor que el ciudadano local para describir la realidad de su país?

El filme, como no podía ser de otra manera en este tipo de producciones, deja un buen sabor de boca, y en relación con ello, preferimos dejar a los espectadores que realicen por si mismos su propio análisis sobre los “clichés” cinematográficos anglosajones de este tipo de producciones. Tengan por seguro que sonreirán, reirán y sin duda, se acercarán un poco más al país del momento (coincidiendo con unas elecciones cuyos resultados son inesperados). Brasil, en cualquier caso, es un país del que resulta tremendamente fácil enamorarse, sobre todo si se animan a ver la versión original en portugués.

reshttp://www.cinearaujo.com.br
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