Tormenta

Qué poético todo. Me encanta… ¿Te has dado cuenta? Seguro que sí. Con lo romántica que soy, no entiendo cómo no me fijé en el momento… Pasó aquello, te montaste en un avión y empezó a granizar… No sé si sabes que granizó. Granizó, Víctor. En pleno julio, granizó. Fue irte y pum, empezar a granizar, ahí, a lo loco, como si hubiera llegado el fin del mundo. Una señal en toda regla ¿no te parece? Un mensaje del universo, del destino, de tu corazón al mío… Yo qué sé. He caído mientras escribía una situación similar para la novela. Similar, no. Igual. El chico echa a volar y la chica asiste a una impresionante tormenta. Obvié el granizo porque no es verosímil, claro.

torFoto: ntrzacatecas.com

Pienso en ti a menudo. Menos que antes, es cierto. Pero sí, aún lo hago. De hecho, si no capté la dimensión trascendental del asunto, fue porque estaba grabando la tormenta con el único objetivo de que tú la vieras. No te he mandado los vídeos. Claro que no. ¿Cómo te los voy a mandar? Fue un impulso, sin más. Sé contenerme. Puedes estar tranquilo, de verdad. Yo ya he desaparecido… Es sólo que hoy me apetecía hablar contigo. O ni eso. Me he acordado y he pensado, “mira que gracia que granizara justo ese día, ¿era ese día? Sí, era ese día: yo vomitaba con la ventana abierta para oler el jardín”.

Gato Negro

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